dijous, 28 de març de 2013

Pacientes e industria farmacéutica: tan cerca, tan lejos



Los productores, distribuidores, investigadores, docentes, prescriptores, financiadores y reguladores se han posicionado respecto al medicamento en cada momento, para defender sus puntos de vista y especialmente sus intereses.


Los pacientes, destinatarios finales del tratamiento, han tenido un papel tradicional de convidados de piedra. Su toma de posición activa como “consumidores” de los servicios y productos sanitarios arranca en este país con retraso respecto a otros, especialmente en su forma colectiva y organizada.


Las asociaciones de familiares y pacientes surgen alrededor de enfermedades crónicas, graves e incapacitantes. Su finalidad es el apoyo mutuo y mejorar la calidad o expectativas de vida de los enfermos y su entorno. Para ello fomentan la prevención, la investigación, la sensibilización, la asignación de recursos, la calidad de los servicios y la cobertura de necesidades de los pacientes y sus familiares.

Hace unas semanas se dio a conocer la campaña IMAGEN: Informados sobre medicamentos de Marca y Genéricos[1], emprendida por 15 organizaciones de pacientes con la colaboración de algunas sociedades médicas (SEMG, SEMERGEN, SED, SEN, SEDT) y del portal Somos pacientes[2], lanzado y respaldado por la Fundación Farmaindustria. La campaña se muestra en contra de la prescripción por principio activo, que posibilita la dispensación sucesiva de medicamentos de apariencia diferente al mismo paciente crónico. Reitera el mantra de la importancia y los costes de la investigación y fomenta que los pacientes convenzan a sus médicos para que continúen prescribiendo medicamentos de marca.

La industria farmacéutica conoce la importancia de transmitir sus mensajes a los pacientes y a través de los pacientes, para que actúen como grupo de presión, sensibilización e inducción a la prescripción[3]. Para ello se ha acercado a sus organizaciones, apoyándolas en la búsqueda de supuestos “objetivos comunes” o para la consecución de los “objetivos propios” de los pacientes. En general estas iniciativas sirven más a los fines de la propia industria, a través de la fidelización y la dependencia financiera o técnica de los colectivos de pacientes.

Existen, sin embargo, otras formas de relación de los pacientes con la industria y los demás actores vinculados al medicamento. Son aquellas que dotan a los pacientes de un papel activo, no limitado a ser la diana o el vector de iniciativas o intereses ajenos. Relaciones que obligan a rendir cuentas a quienes declaran actuar en beneficio del paciente.

En esa dirección, por ejemplo, los participantes en ensayos clínicos, junto con otros grupos, exigen a la EMA la publicación de los protocolos y resultados de todos los ensayos en los que participan[4] y piden a los pacientes que boicoteen las investigaciones que no garanticen su publicación completa[5].

Se trata de pacientes conscientes de que los resultados negativos también aportan un mayor conocimiento de las posibilidades terapéuticas, evitan la repetición innecesaria de ensayos y la proliferación de riesgos para quienes son tratados. Su argumento ético incontestable es que la ocultación de resultados traiciona la confianza de los pacientes voluntarios, además de dificultar su participación en otros estudios.

Actitudes proclives al rendimiento de cuentas por parte de los investigadores y quienes les sustentan, no sólo llevan a comunicar a los pacientes voluntarios antes de su publicación los resultados de la investigación, sino a buscar qué procedimiento es preferido por ellos para conocer estos resultados[6].

Ni siquiera los límites geográficos, culturales o lingüísticos, con ser importantes, son insalvables, si se quiere rendir cuentas del transcurso de la investigación a pacientes que participan en ella en una zona rural de África[7].

Corresponde a las entidades reguladoras, a quienes investigan y a los propios pacientes, hacer habituales estas situaciones. Quienes están afectados por una enfermedad y aceptan participar en una investigación, se convierten en protagonistas de la misma, con plenitud de derechos para requerir y recibir información sobre cada paso del proceso investigador. Sin esa condición, si se mantienen posiciones paternalistas o se ocultan activamente los resultados, queda muy lejos la justificación ética y social imprescindible para toda investigación.




divendres, 15 de març de 2013

La encomiable transparencia norteamericana



En los EUA, el presidente Obama aprobó hace 2-3 años una Ley de Transparencia para que la Industria Farmacéutica declarara, de forma pública en una web, el dinero que le paga a los médicos por charlas, ensayos clínicos, cursos, etc.



La organización ProPublica.org hace un seguimiento de estos pagos y ha recogido los honorarios de decenas de médicos en diferentes estados de los USA.

Ha sacado un Top con 22 colegas que han recibido más de 500.000 $ desde 2009. La mitad de ellos son psiquiatras. Y tres de los cuatro que más cobran, son psiquiatras.

Es posible que los médicos cuya imagen aparece retratada en el “top ten” puedan sentirse molestos por esta forma particular de presentar su “éxito profesional”, pero estos son los pros y contras de vivir y medrar en una sociedad de libre comercio a la vez que democrática.

Sobre la particularidad de que la mayoría de los médicos que aparecen en el top-ten sean psiquiatras, no es en absoluto sorprendente, habida cuenta del ritmo de crecimiento de los psicofármacos durante las últimas décadas, algo sobre lo que ya tratamos en este blog en una entrada anterior sobre consumo de antipsicóticos y conflicto de intereses de los psiquiatras también en los EUA.


Como complemento a esta noticia, hemos estimado oportuno comentar que Francia está intentando seguir un camino parecido al de los EUA, aunque está encontrando una gran resistencia, y da la impresión que el resultado final quedará alejado de la ley americana. La revista BMJ se hacía eco de este proceso en una nota de prensa de hace unos meses que resumimos a continuación:

-El projecte de llei de transparència francesa cada vegada més terbol.

França està intentant aprovar una llei de transparència sobre les relacions econòmiques entre la IF i els metges, a imatge i semblaça de la “Sunshine Act” americana. Probablement l’estat se sent forçat a regular el tema influït pel recent desastre del Mediator©, però sembla que li falta convicció o que ell mateix està sotmès a conflicte d’interessos. 

L’esborrany del projecte de llei que està discutint-se està ple d’ambigüitats i restriccions. Quatre són els punts bàsics en disputa entre l’administració i algunes associacions de metges i especialment la revista Prescrire: 
1. El projecte distingeix entre regals i “pagaments per activitats”. Aquest darrers no es declararien (p.e. participacions en ponències, sessions clíniques en centres sanitaris, consultoria...). És curiosa aquesta distinció, ja que sembla que només es pretén que declaren els metges assistencials que reben diners per a assistir a un congrés o un curs, i no als ponents dels cursos, congressos o membres de comitès d’experts d’un determinat consens o declaració, tots ells amb una gran capacitat d’influència mediàtica.
2. La publicació no seria en una pàgina web del propi laboratori, sinó en una “pàgina pública” en la qual no és podrien efectuar búsquedes. D’aquesta manera s’evitaria poder sumar les diferents quantitats rebudes de la IF per un metge en particular. Falta de transparència?.
3. El llindar per a declarar regals no començaria a partir d’un euro, sinó de 60 euros. És a dir, per a alguns, 59 euros no és un regal, només una propina.
4. Les companyies farmacèutiques no declararien les quantitats exactes regalades a un metge en particular, sinó només els trams de l’import, que anirien de 60-600 € a 10.000-1000.000 €. ¡Tot un portent d’ambigüitat!.
Si això està passant a la Grand France, no podem ni imaginar com serà la llei de transparència que es poguera aprovar al sud del Pirineus.


-Benkimoun P. Plans to force drug companies in France to reveal payments to doctors has been diluted, campaigners say.  BMJ 2012;345:e8405

dissabte, 2 de març de 2013

IDAPTAN, la panacea.


Panacea ayuda al enfermo. Detalle de un grabado
del médico veronés J. Gazola (1716). (WIKIPEDIA).
El Idaptán es un fármaco comercializado desde 1985 y financiado por nuestro SNS. Se ha empleado con múltiples fines sin eficacia demostrada para ninguno de ellos. Presenta más de 300 efectos secundarios.

Desde hace meses las Agencias reguladoras han lanzado alertas farmacológicas sobre su uso.

Miembros del Grup del Medicament han publicado esta carta al director sobre este fármaco.

Los llamados protectores del cartílago.

Los SYSADOA, más conocidos por todos como protectores del cartílago, están siendo utilizados en el tratamiento de la artrosis sin existir evidencia suficiente de su eficacia. Probablemente ahora que es tiempo de recortes "deberíamos recortarlos", o dicho de otro modo, sacarlos del arsenal terapéutico en esta patología y volver a las medidas realmente condroprotectoras, como el uso de bastón en el lado contralateral al afecto.



En el último número de la revista de AMF joven, un miembro del Grup del Medicament, junto a otros compañeros de trabajo, publica un artículo sobre los SYSADOA en el tratamiento de la artrosis. Aquí os dejamos el link por si queréis leerlo.